Eduardo Tokeshi, una reflexión sobre el asombro en el arte y la vida
Conversar con Eduardo Tokeshi es interesante, pero sobretodo inspirador. Frases como: “El arte es fe, es creer que puedes meterte dentro del corazón de la gente”, te atrapan y encandilan, al igual que sus obras. Artista plástico de profesión, curioso de vocación y animal visual por naturaleza se alimenta constantemente de todo tipo de imágenes, conservando aquellas que llaman su atención. Así, su proceso de creación es un continuo, inclusive cuando no está pintando, lo está haciendo tal como él lo describe, en su cabeza, imaginando el primer trazo por la noche antes de enfrentar el lienzo en blanco a la mañana siguiente.
A punto de cumplir 50 años, feliz padre de tres hijos, ha incursionado en distintos medios a lo largo de su carrera, como la pintura, la instalación, la escenografía teatral, la ilustración de libros para adultos y niños, y la docencia.
Siempre dispuesto a cambiar y probar nuevas cosas, mantiene en su vida una sensación de sorpresa cotidiana, una capacidad de asombro intacta. Así, nos dice: “el día que no sintamos curiosidad o asombro nos vamos a morir un poquito más”; revelándonos una verdad que muchas veces olvidamos, al dar por sentado las cosas que vemos sin detenernos a observarlas, a apreciarlas.
Enamorado de cada proceso creativo, resalta la enorme riqueza de esa búsqueda, siendo el trabajo final un vivo recordatorio de aquella larga sumatoria de momentos que le dieron forma y contenido. Más aún, afirma que la obra personal de cada artista funciona a la manera de un poderoso reflejo de su ser. “Tu trabajo te recuerda quién eres, a dónde vas, de dónde vienes.
Es como si fuera tu espejo”. Siendo la identidad un tema recurrente en su obra, ese interés por descubrir y cuestionar su esencia como individuo y su sentido de pertenencia a un determinado país, lo llevó a plasmar esta inquietud en series como ‘Vida y milagros del hombre invisible’ y ‘Banderas’(la cual continúa al día de hoy).
El primero, un trabajo sobre las apariencias, nos muestra una sucesión de sacos con distintos motivos, representando los trajes para jugar, para florecer, para pertenecer a un país, para volar, para rezar, etc. que viste el hombre común al hacerse visible a los demás. Trata de encontrar así, el cálculo de la distancia entre lo que uno aparenta y lo que uno realmente es.
En el segundo, toma la bandera del Perú y en especial sus dos colores- como símbolo del vínculo patrio. Surgiendo siempre en los momentos más duros y ácidos de la década pasada, la forman elementos llenos de significado y contenido político, como por ejemplo: bolsas de transferencia de sangre, humo, etc. Así, con una fuerza inusual, sus obras se quedan grabadas por siempre en la mente del espectador.
(EDUARDO TOKESHI, www.eduardotokeshi.com)
−Por: Paula Herrera


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