Cuando de Diamantes se Trata

Para algunas personas, un diamante no es más que un fragmento de carbón en estado natural comprimido y calentado por la corteza terrestre, durante miles de años a temperaturas extremas, que finalmente se convierte en un elemento semitransparente capaz de cortar cualquier otro material sobre la faz de la tierra. Sin embargo, para la gran mayoría, después de ser tratado, meticulosamente cortado y finalmente pulido, pasa a ser una pieza tan hermosamente valorada como ninguna otra conocida. Ese es, en resumidas cuentas, estimado lector, un diamante.
Conocidas desde hace varios miles de años, estas singulares formaciones, resultantes de la genial obra de la madre naturaleza, han sabido hacerse de un nombre reputado y asociarse como sinónimo de gala, lujo y glamour, pues, siempre han estado presentes —resaltando— los bellos atributos de algunas de las más hermosas y afamadas mujeres de todos los tiempos. No importa su tamaño o forma, todos son altamente apreciados, aunque, como todo en este mundo, hay algunos que lo son más que otros, como los raros “diamantes de colores”; piezas extraordinarias pigmentadas naturalmente en tonos típicamente marrón y amarillo, con exuberantes excepciones en rojo, verde y azul; los mismos que pueden multiplicar su valor a cifras bastante extensas. Sin embargo, —como reza el dicho— no todo lo que brilla es oro, y así como la madre naturaleza aprendió a hacer estas maravillas minerales, el ser humano también lo hizo y, sobre todo, a pigmentarlas.
El verdadero valor de los colores.
Como ya fue dicho, un diamante de color puede llegar a valer cifras bastante amplias, sólo capaces de ser cubiertas por pocos afortunados en el orbe; sin embargo, si se encuentra a su alcance no se aventure por uno a toda prisa, primero tenga en consideración los cuatro aspectos fundamentales: Quilates, Claridad, Color y Corte, sólo así podrá determinar el verdadero valor de la joya. Así mismo, siempre recuerde que existe la posibilidad de que haya sido coloreado en un laboratorio y que, aunque son de igual forma piezas exquisitas, si usted desea uno verdaderamente natural deberá solicitar certificaciones de estudios que respalden lo asegurado. Es por ello que existen en el mundo algunas instituciones muy reputadas, no afiliadas a marcas, que se dedican a la verificación mediante estudios muy rigurosos. Una de ella es el GIA o Gemological Institute of America, una entidad reconocida por poner los estándares internacionales de graduación de calidad, que además le otorga a los expertos y novicios la información necesaria al respecto de los diamantes, bajo el slogan: The Difference Between Wondering and Knowing —La diferencia entre suponer y saber—, desde su sitio web www.4cs.gia.edu y así poder ayudar a proteger su inversión.

Una Inversión de cuidado.
Nosotros consideramos que la adquisición de un diamante —y más aún uno de color— es una inversión de suma importancia para usted, ya sea porque desea regalarle la pieza a su ser amado o porque es parte de uno de sus múltiples negocios. Es por ello que volvemos a recomendarle la más efectiva de las herramientas: el conocimiento.
Atrévase, estimado lector, a ampliar su saber al respecto del tema e infórmese, indague por empresas certificadoras y no cometa el error común de confiar ciegamente en el vendedor pues, al final de cuentas, ellos sólo hacen su trabajo —adornando verdades u omitiendo detalles—: vender.

—*.A. A. H.
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