Vacheron Constantin Tour de L’île, Gran Complicación en ambas caras
Podríamos definir con un adjetivo la esencia de esta máquina de medir el tiempo: maravillosa. Y es que hablaremos de un fino reloj, una joya de lujo que puede hacernos caer en la tentación de querer tenerla, de desearla, de anhelarla y guardarla con dulce obsesión en nuestra mente para siquiera ver por un momento su naturaleza. Hablaremos del Vacheron Constantin Tour de L’île, nada más. El Tour de L’île no es un reloj cualquiera por supuesto, sino uno que encierra una maquinaria realmente compleja. Es por eso que, con justicia, podemos nombrarla como una de las más grandes complicaciones que existe sobre la faz de la tierra. Y merece este título gracias a su combinación inédita de 16 complejidades relojeras visibles en ambas caras del reloj.
Sabemos que un reloj de Gran Complicación es aquel que, además de indicar las horas, minutos y segundos, ofrece funciones adicionales como cronógrafo, alarma, calendario y otras más, y que hacen que un ejemplar de este tipo obtenga más valor y sea más apreciado. El Tour de L’île, por lo tanto, sorprende por sus complicaciones y por su fuerte personalidad que se evidencia en ambas caras de su estructura.
834 componentes son los finos huéspedes de una caja hecha de oro rosa de 18 quilates y de 47 mm de diámetro. Y aquí viene lo bueno: en la cara del reloj, puede apreciarse, en posición 6 horas, el mecanismo de tourbillon de 60 segundos, pieza que va acompañada, en posición 3 horas, de la fase de la Luna en un cielo azul donde aparece una Luna de oro grabada a mano.
En esta misma parte, también figura un contador con pequeña aguja de acero azulado, el cual indica el par de la sonería, es decir, el estado de armado del mecanismo de repetición de minutos. Además, puede observarse un círculo minutero ligeramente descentrado. Por último, también hay un mecanismo que indica la reserva de marcha en un sector situado a las 9 y el Sello de Ginebra aplicado y grabado a mano en posición 4 horas.
El reverso del Tour de L’île también es tan rico en complicaciones como el anverso. Por ejemplo, en la parte de arriba, las esferas auxiliares del calendario perpetuo indican de izquierda a derecha los días de la semana, los meses y la fecha; mientras una ventanilla a la 1 señala los años bisiestos. En el centro, una aguja de acero azulado gira alrededor de un pequeño sector destinado a la indicación de la ecuación del tiempo.
Además, a las 4 y 8 horas, dos agujas se imponen transmitiendo otras dos informaciones astronómicas: las horas de la salida y de la puesta del Sol. Abajo, una carta celeste anuncia el hemisferio norte, con el cielo estrellado en tiempo real: el mismo que puede observarse en pleno día.
No podemos olvidar mencionar los complementos que terminan por coronar a este reloj como único en su especie: esferas tanto de anverso como reverso en acabado plateado claro con grabado guilloché y aplicaciones de oro, caja con bisel dotado de dos espigones que sirven para activar la sonería, cristales de zafiro con revestimiento antirreflectante y una correa en piel de aligátor con hebilla en oro rosa.
Por todas las complicaciones mencionadas, podemos llegar a la conclusión de que hablamos de un reloj exquisito –incluso, personalizable a pedido del cliente–: una máquina de lujo que no se ve todos los días.
El Vacheron Constantin Tour de L’île, por todo lo escrito, está hecho solo para los escogidos.

(VACHERON CONSTANTIN, www.vacheron-constantin.com)
—Por: M.G.
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